Un escrito de mi gran amigo Borja
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Casi 100 años han pasado ya, pero esa noche sigue fresca en mi memoria como si hubiese sido esta.
Por aquel entonces yo solo era una simple mujer, aunque tal vez simple no sea la manera más fiable de describir a mi persona por aquel entonces. Digamos mejor que era una mujer como podría serlo cualquier otra, hasta que llego la noche que acabo con mi vida y transformo mi existencia.
Caminaba por un sendero hacia mi casa cuando de pronto una sombría figura apareció ante mí. Al cabo de un momento reconocí al individuo, se trataba de un hombre joven que había visto en la taberna. Como su comportamiento me pareció sospechoso decidí apartarme de el y con ese fin d media vuelta pero e aquí que se hallaba una vez mas justo delante de mí.
Se me acerco con paso firme pero ligero, pues aunque cada una de sus pisadas delataba su fuerza no emitía ningún sonido al posar el pie sobre la hierba seca. Cuando su rostro apareció ante mi me encontré mirando una mascara blanca, de apariencia joven pero que delataba una vejez inalcanzable. Sus ojos, de un color negro, profundos como la noche y melancólicos como las canciones de amores imposibles que los juglares cantan los días de fiesta. Esos ojos se cruzaron con los míos, y de repente me encontré transportada a un torrente frío y oscuro de una memoria infinita y unos recuerdos incontables, llenos todos ellos de rencor, de muerte, de sed…
Ese es el último recuerdo de mi antigua vida. Desperté a la noche siguiente, si se puede decir que desperté pues no era dormida lo que estaba hasta ese momento. En ese instante note que algo en mi había cambiado, no podía ver, ni oler a la gente, sino sentirla, podía sentir en todo momento donde se encontraban, si eran sanos o enfermos, jóvenes o viejos, pero por encima de todo sentía un deseo irreprimible, el deseo de encontrarlos a todos y arrebatarles la vida que les quedaba.
A partir de ese día desaparecí para los ojos del mundo, me oculte en la noche y respete el pacto que mi especie hico hace milenios.
“Hicimos un trato con la muerte, ella no nos persigue y a cambio nosotros le proporcionamos clientes, talvez un día nosotros mismos seamos uno de ellos.”
Desaparecí para el mundo pero este no me olvida, me convertí en un mito, una leyenda que recorre el mundo en todas direcciones, me convertí en el ángel del diablo, en Angeldedevil



